Música

jueves, 17 de septiembre de 2015

Tiempo.

Me obsesiona el paso del tiempo, no que pase y nos hagamos mayores, eso más o menos está controlado. El cerebro hace su trabajo él solo, porque si todos los días fuésemos conscientes de que vamos a morir, la vida sería una tortura insoportable. Me refiero al paso del tiempo en el sentido de aprovecharlo, de llegar dentro de unos años a ser un abuelo, mirar atrás y no arrepentirme de no haber hecho algo, y que si me arrepiento de algo, que sea de haberlo hecho.

Me obsesiona que haya un modo de disfrutar de los buenos momentos y que yo no lo esté haciendo, o que lo esté haciendo mal. Algunas veces tengo esa sensación, aunque otras no (menos mal). Cuando somos pequeños nos da igual que pase el tiempo, incluso queremos que pase pronto y ser mayores, es esa época de días infinitos y veranos eternos, de olores, de canciones y de besos en cartas… Qué poco nos importaba el tiempo. No recuerdo el día en el que hubo ese click con el que todo cambió, de hecho no creo que sea un día en concreto la verdad pero hay un antes y un después.

Hay un momento en el que las canciones y los olores quedan ya muy lejanos, apenas perceptibles, y los besos se transforman en carmín eterno, que nos recuerda que ya nada será igual. Ahora ya solo nos queda buscar experiencias, repetir las que nos gustan y evitar las que no, y disfrutar. Pero… ¿Cómo se hace eso? Joder, ¿Cómo se disfruta de la vida? El tiempo no se pierde, se malgasta, no creáis que le podemos engañar, el tiempo pasa para todos y a pesar de todo.
Me obsesiona el paso del tiempo, nacemos con un tiempo límite, lo que hagamos con él depende de nosotros y de cómo nuestros padres nos hayan enseñado a valorarlo. Estadísticamente me encuentro casi en el primer tercio de mi vida, acojona pensarlo, en realidad si lo pienso en serio, no hay absolutamente nada que me consuele.

Me gusta mucho la vida que tengo, me gusta mucho el camino que me ha traído hasta aquí, a pesar de las cuestas y gracias a ellas. Me obsesiona pensar en todo esto porque son sentimientos contradictorios, algunos muy felices y alegres y otros muy tristes y desagradables. Una vez leí que eso se llama majestuosidad, algo que es alegre y triste a la vez, no sé.

Me obsesiona pensar que somos una especie que ha desarrollado un pensamiento abstracto y una complejidad cerebral lo suficientemente hábil y diestra como para ser conscientes de nuestra propia existencia y recurrir a la cultura humana para satisfacer nuestras necesidades y en algunos casos para facilitarnos la vida. El precio que hay que pagar es ser conscientes también de que el tiempo se acaba y todo se acaba. Y volvemos al punto de partida, a lo que éramos antes de ser, nada… 

Korah.

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